Los recuerdos no son como los recordamos, pero son lo que nos hace inmortales
¿Alguna vez has probado de nuevo un dulce o un platillo que amabas cuando eras niña y has sentido que ya no sabe igual? A mí me ha pasado. O quizás has vuelto a un lugar especial y, aunque todo parece idéntico, la sensación ya no es la misma. Esto me hace preguntarme: ¿por qué los recuerdos no son como los recordamos? Cuando era pequeña, mi abuela preparaba un chocolate caliente que me encantaba. Pero no era solo el sabor lo que lo hacía especial. Era el sonido de su risa, el calor de la taza entre mis manos, la forma en que el sol entraba por la ventana de la cocina y cómo, en ese instante, me sentía segura y feliz. Ahora, aunque tome el mismo chocolate, nunca sabe exactamente igual. Porque lo especial no era solo el chocolate, sino todo lo que viví mientras lo tomaba. Los recuerdos no son fotografías perfectas. Son como rompecabezas hechos de olores, sabores, sonidos y, sobre todo, emociones. Cada vez que los evocamos, nuestro cerebro los reconstruye y, a veces, los cambia sin...