No Es la Vida, Es Tu Mirada
Cada amanecer y cada atardecer me enseñan lo mismo: no hay dos iguales. La magia está en cómo miramos, no en lo que vemos En algún momento del camino, dejamos de ver para empezar solo a reconocer . Nombramos. Clasificamos. Etiquetamos. Y, sin darnos cuenta, canjeamos la riqueza del mundo por la comodidad de las palabras. Un niño que ve un pájaro por primera vez no piensa en "gorrión" o "colibrí". Lo observa: el color que brinda, el canto que estrena, el misterio de sus alas. Está completamente presente. Pero al aprender el nombre, algo se apaga. Ya no vemos al pájaro: vemos un pájaro más. Y así, sin querer, dejamos que la vida se vuelva un inventario. Algo similar nos ocurre en el trabajo y en lo cotidiano. Dejamos de ver a quien tenemos enfrente porque ya lo hemos catalogado: “mi jefe”, “mi compañero difícil”, “mi cliente” . Dejamos de escuchar porque suponemos lo que dirán. Dejamos de sentir porque la rutina nos convence de que ya todo está descubierto...