El tiempo que enseña
Hay cosas que solo se entienden cuando se ha perdido.
Cuando has dudado de ti, cuando las oraciones parecen no encontrar respuesta y el silencio pesa más que las palabras.
Pero con el tiempo, la vida te enseña algo esencial: no tengas prisa, ten propósito.
He comprendido que las cosas no suceden cuando las quiero, sino cuando estoy lista para recibirlas.
Durante años pedí, rogué, lloré por aquello que creía necesario, sin saber que aún me faltaba aprender a sostenerlo.
Y entonces, un día, cuando ya no lo esperaba, llegó o llegó algo distinto, algo más sabio, más amable, más verdadero.
A veces la vida no nos niega lo que pedimos; simplemente nos prepara para merecerlo.
Cada espera, cada duda, cada pérdida, son parte de esa preparación silenciosa.
Porque el propósito no está solo en alcanzar lo que soñamos, sino en convertirnos en la persona que puede recibirlo con conciencia, con gratitud, con paz.
Así que ya no tengo prisa.
Camino con propósito, confiando en que todo se dará en el momento justo…
ni antes, ni después, sino cuando el alma esté lista.

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