Entre el cambio y la calma
Este año me ha probado en silencio.
Ha traído sacudidas que no pedí, pausas que no planeé y aprendizajes que solo se revelan cuando la vida te arrebata el control.
Hubo días en que sentí que todo se desmoronaba… y sin embargo, aquí sigo.
En medio de ese torbellino me encontré con dos palabras japonesas que se volvieron un faro: MUJO y MOKUSO.
Fue entonces cuando comprendí MUJO la impermanencia.
Nada dura para siempre, ni el dolor ni la euforia. Todo cambia, y en ese cambio hay una forma sutil de libertad.Aprendí a no aferrarme a lo que se va, ni temer lo que llega. Porque todo, absolutamente todo, está en movimiento.
Pero en medio del cambio también encontré MOKUSO, el silencio antes de actuar.
Ese instante en que uno respira profundo, se queda quieto y deja que la calma no la prisa sea quien decida.
Descubrí que el silencio no es rendición, sino fuerza contenida.
Hoy miro hacia atrás y veo que cada desafío me enseñó algo esencial:
Que el cambio no me destruye, me transforma.
Y que el silencio no me detiene, me centra.
Así que respiro, suelto lo que ya no pesa y me repito con firmeza y ternura:
“Esto también pasará. Mi calma decide, no mi prisa.”
Porque sigo aquí con gratitud, sin prisa y con la certeza de que incluso en medio del caos, siempre puedo volver a mí.

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