La roca que no se movía 🪨
Había una vez un hombre encargado de empujar una roca enorme, descomunal, tan pesada que parecía desafiar toda lógica.
Cada día, sin falta, se paraba frente a ella y empujaba con todas sus fuerzas.
Y cada día, la roca permanecía inmóvil.
No se movía ni un centímetro.
Pasaron semanas. Luego meses.
El cansancio se acumuló, y con él la frustración.
Hasta que un día, desde lo más profundo de su agotamiento, gritó:
¿Por qué hago esto? Es imposible.
La roca seguía ahí. Inalterable.
Pero algo había cambiado.
Sus brazos eran más fuertes.
Sus piernas más firmes.
Su respiración más profunda.
Y su determinación, antes frágil, ahora era inquebrantable.
La roca no se había movido…
pero él sí.
Cuando la vida no mueve la roca
Esperamos señales claras: avances, logros, respuestas inmediatas.
Y cuando no llegan, dudamos de nosotros mismos. Dudamos del camino. Dudamos incluso del sentido.
A veces la vida no está intentando mover la roca,
sino construir la fuerza necesaria en quien la empuja.
Para enseñarnos paciencia, resistencia, humildad y fe.
La sabiduría nace cuando entendemos que el proceso también es un resultado.
Muchas veces creemos que la vida nos mide por resultados visibles.
Pero la vida no siempre trabaja donde estamos mirando.
Nos acostumbraron a pensar que todo esfuerzo debe traer una recompensa inmediata, y que si no la vemos, algo hicimos mal. Sin embargo, hay procesos que existen únicamente para formarnos por dentro:
La frustración aparece cuando medimos el valor de nuestra experiencia solo por el resultado externo.
La resistencia como maestra
Muchas veces es una maestra silenciosa.
No todo lo que tarda es pérdida.
No todo lo que se resiste viene a detenerte.
La resistencia no siempre es un castigo.
Cada dificultad que no se mueve, cada situación que parece estancada, va dejando algo en nosotros: carácter, fortaleza emocional, claridad interior. Aunque no lo notemos al principio.
Por eso, cuando la vida parece injusta, cuando haces todo “bien” y aun así nada cambia, tal vez no sea un error del camino, sino parte del aprendizaje.
No todo lo que duele es malo.
Algunas rocas aparecen para prepararte.
Si algún día lees esto y sientes que la vida no avanza, que empujas y empujas sin ver resultados, quiero que recuerdes algo importante:
no todo lo que parece quieto está perdido.
Habrá momentos en los que hagas las cosas con amor, con intención, con esfuerzo… y aun así nada cambie afuera.
En esos momentos, no te juzgues ni te rindas. Tal vez la vida no esté moviendo la situación, sino preparándote a ti.
Confía en el proceso, incluso cuando no lo entiendas.
Agradece, incluso cuando duela.
Y sigue empujando, no desde la rabia, sino desde la conciencia.
Porque aunque la roca no se mueva, tú estarás creciendo.
Y cuando llegue el día en que la vida sí se mueva,
serás lo suficientemente fuerte para sostenerlo.
Con amor,
para ti… y para el futuro que aún no ves ✨
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