La importancia de cuestionar la realidad 🧠🤔
Samantha y yo somos de esas personas que no podemos quedarnos calladas, ¡nos encanta hablar! 😄 Y en el caso de Samantha, bueno... digamos que no tiene botón de apagado 😂.
Este fin de semana, como ya es costumbre, me pidió que le contara una historia. Decidí irme por algo clásico y le hablé de la famosa alegoría de la caverna de Platón.
Le conté cómo unos prisioneros, desde su nacimiento, estaban encadenados en el interior de una cueva, obligados a mirar sombras proyectadas en una pared. Para ellos, esas sombras eran la única realidad que conocían. Pero, uno de ellos fue liberado, y al salir de la caverna descubrió que todo lo que creía saber era una ilusión. Ese hombre, al conocer la verdad, se convirtió en un filósofo🌍.Esa persona vuelve a la caverna para compartir su descubrimiento, aunque los demás prisioneros no siempre lo aceptan.

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Lo sorprendente fue la respuesta inmediata de Samantha: "Así me siento en la escuela"😯, me dijo. "Me cansa estar escribiendo, repitiendo lo que nos dicen. Me encantaría aprender afuera, que me pregunten más y que no me hagan memorizar todo sin más". Sus palabras me impactaron profundamente, como una revelación que no podía ignorar.
Me hizo reflexionar sobre cómo, sin darnos cuenta, hemos construido nuestras aulas como si fueran cavernas. Los niños, como prisioneros en sus pupitres, son obligados a mirar un tablero, memorizando información que muchas veces no tiene relevancia en su vida. Y no es culpa de los profesores, que a menudo están presionados por cumplir con programas rígidos, sino de un sistema que no invita a la curiosidad ni al cuestionamiento. Seguimos enseñando como si la única forma de aprender fuera recitar lecciones de memoria, sin permitir que los niños exploren el mundo, formulen sus propias preguntas, y encuentren respuestas por sí mismos.
Samantha y yo nos quedamos reflexionando sobre esto. ¿Qué pasaría si empezáramos a cuestionar todo, incluso la manera en que vivimos y educamos? ¿Qué pasaría si les enseñáramos a los niños no solo a aceptar lo que les decimos, sino a dudar, a preguntar, a explorar más allá de las sombras que les mostramos? Me di cuenta de que, sin preguntas, estamos viviendo en automático, siguiendo patrones establecidos sin detenernos a pensar si realmente son los mejores.
Sócrates, uno de mis filósofos favoritos, nunca fue un profesor encerrado en un aula. Él salía a las calles de Atenas, dialogaba con sus vecinos, y a través de preguntas sencillas, lograba que las personas reflexionaran sobre cuestiones profundas como la justicia, la verdad y el bien.
No buscaba imponer respuestas, sino guiar a las personas a encontrar las suyas. Esta enseñanza, que tantas veces he admirado, me recordó que la filosofía no nació en las aulas, sino en las calles, en las plazas, y sobre todo, en la vida misma.
Después de esa charla, terminamos una tarea de matemáticas, pero esta vez aplicamos lo aprendido de una forma diferente: buscamos las respuestas a las fracciones de manera distinta a como le enseñaron en la escuela. Luego, cerramos los libros de texto y salimos a pasear con Billy (Nuestro Perrito) .
Nos sentamos en un parque al aire libre, y la invité a hacerme preguntas. Nos desconectamos del sistema tradicional de aprendizaje y nos reconectamos con el mundo. Fue una experiencia liberadora, tanto para Samantha como para mí.
Ese momento me hizo darme cuenta, una vez más, de que enseñar no se trata solo de dar respuestas, sino de aprender a hacer preguntas. Preguntas que rompan los muros que hemos construido en nuestras mentes, que desafíen nuestros prejuicios y nos permitan vivir una vida más consciente y libre.
Al final, llegamos a una conclusión: vivir sin cuestionarnos no es realmente vivir. Tal como decía Sócrates, "una vida sin examen no merece ser vivida". Así que, la próxima vez que me sienta atrapada en la rutina, en el "se dice" y el "se hace" de la vida diaria, recordaré esa tarde con Samantha, y me esforzaré por volver a preguntarme: ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué lo estoy haciendo? ¿Es esto lo que realmente quiero?
Porque la verdadera libertad comienza con una simple pregunta.

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