Si la felicidad es tu obsesión, este mensaje es para ti

 Víctor Frankl nos dejó una enseñanza poderosa: «La felicidad debe surgir, y lo mismo ocurre con el éxito: hay que dejar que surja sin preocuparse por ello»

Estas palabras encierran una verdad que, en la prisa cotidiana, solemos olvidar.


Hubo un momento en mi vida en el que comprendí que mi felicidad no dependía de acumular logros o momentos placenteros, sino de encontrar un para qué en lo que hacía. 

Me di cuenta de que mi plenitud radicaba en cómo contribuía, en la huella que dejaba en los demás, en la sensación de estar alineada con algo más grande que yo misma. Esa revelación cambió por completo mi manera de vivir y de entender la alegría.

Nos han enseñado que la felicidad es algo que debemos perseguir, como si fuera un trofeo que se obtiene después de una serie de éxitos. Pero Frankl nos invita a mirar en otra dirección: la felicidad no es el destino, sino la consecuencia de haber encontrado un sentido en lo que hacemos.

Cuando vivimos con un propósito, cuando nuestras acciones están alineadas con aquello que nos trasciende, la alegría aparece de manera natural. No porque la busquemos directamente, sino porque es la manifestación de una vida con significado. No se trata de evitar el dolor o de acumular momentos felices, sino de abrazar incluso las dificultades cuando estas nos acercan a lo que realmente importa.

En su libro El hombre en busca de sentido, Frankl relata cómo, incluso en los momentos más oscuros, aquellos que encontraban una razón para seguir adelante —el amor por un ser querido, una obra inconclusa, un propósito que los sostenía— lograban mantener encendida la chispa de la esperanza. 

La felicidad, en esos casos, no era la meta, sino una consecuencia de aferrarse a algo más grande que el propio dolor.

Y en nuestra vida diaria, ¿Cómo aplicamos esto? Quizás la clave esté en cambiar la pregunta: en lugar de preguntarnos cómo ser felices, podríamos preguntarnos para qué estamos aquí. ¿Qué nos mueve? ¿Qué contribución queremos hacer? ¿Qué nos permite levantarnos con ganas cada mañana? Cuando respondemos a estas preguntas con honestidad, la felicidad deja de ser una preocupación y se convierte en un reflejo de nuestra forma de vivir.

No hay recetas mágicas para la felicidad. No hay atajos. Pero si encontramos sentido en lo que hacemos, si nos permitimos vivir con autenticidad, el gozo llegará sin que lo busquemos.

Como las olas en el mar🌊🌊, como la luz del amanecer🌅: simplemente, surge.

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