Para Mika, con amor eterno

 




Llegaste a nuestras vidas un octubre de 2010, pequeña, curiosa, con esa mirada noble que sólo tienen los que vienen a amar sin condiciones. Viniste como compañía para Samuel, y sin saberlo, te convertiste en un pilar invisible de esta familia.

Fuiste testigo de su infancia, su crecimiento, sus juegos… Y cuando nació Samantha, te volviste su sombra más fiel. La cuidaste con devoción, la esperabas con paciencia, y jamás permitiste que alguien quedara atrás. Eras su guardiana silenciosa, esa que no necesitaba decir nada para estar en todo.

Caminaste con nosotros a través de los años, entre risas, en los días difíciles, en las celebraciones. Te bastaba vernos bien para estar bien tú también. Y aún con ese cáncer, con esa pancita hinchada, saliste a pasear como si nada, como si supieras que ese era un último acto de amor.

Hoy tu cuerpo descansa, pero tu huella es indeleble. Vives en cada rincón, en cada memoria, en cada historia que contaremos una y otra vez con una sonrisa que es también lágrima.

Gracias, Mika, por ser mucho más que una mascota. Por ser hermana, hija, enfermera, centinela… por ser familia.

Vuela tranquila, orejona bella. Aquí abajo, te seguimos queriendo con todo el corazón.









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