🌱 Primero en ti
Desde pequeños nos enseñan a confiar:
En mamá, en papá, en Dios, en el médico, en el piloto del avión.
A veces, incluso en completos desconocidos.
Pero nadie nos enseña a confiar en nosotros mismos.
Nos enseñan a dudar, a compararnos, a mirar hacia afuera para buscar certezas.
Yo crecí escuchando que mis sueños eran muy grandes para mí.
Que eso que yo quería era “más probable” para alguien más.
Y aunque al principio luchaba por creerme capaz,
cuando te repiten lo mismo una y otra vez, uno empieza a bajar el volumen de su voz interior.
Durante años pensé que quizás no podía, que quizás no era suficiente,
que otros tenían lo que yo no:
más suerte, más apoyo, otro país, otro apellido.
Pero hoy, después de mucho andar —con miedo, sí, pero sin detenerme—
me doy cuenta de que he logrado más de lo que alguna vez imaginé.
Sin aplausos. Sin reflectores. Sin permiso.
Y entonces me pregunto:
Si soy capaz de poner mi fe en el cielo, en un conductor,
en las palabras de otros (incluso cuando duelen)...
¿por qué no poner esa fe —primero— en mí?
No se trata de dejar de creer en Dios, en la vida, en los demás.
Se trata de empezar por casa.
De confiar en nuestra fuerza antes de entregar las riendas.
Porque cuando uno cree en sí mismo, las caídas no se vuelven condena,
se vuelven parte del camino.
Este es un recordatorio, para ti que estás leyendo:
No necesitas que alguien te diga que puedes.
Mírate. Escúchate. Siente todo lo que has atravesado.
Tú eres prueba viva de que mereces tu propia confianza.
Y eso, mi querido/a, es el primer acto de fe que cambia el rumbo.

Comentarios
Publicar un comentario