¿Y si te dijera que muchos de tus obstáculos no son tuyos? ¡eso también me ha pasado!
Los obstáculos mentales son como fantasmas disfrazados de lógica.
Nos susurran: “Haz esto o no te van a querer”, “No lo intentes, ya lo hizo mejor alguien más”, “No falles, o van a ver que no eres suficiente”. Y uno va y les cree.
Pero lo cierto es que no son tuyos. No nacieron contigo. Son software social instalado en segundo plano: expectativas ajenas, comparaciones, necesidad de aprobación… un virus cultural que infecta la autenticidad.
Sí, “les permites”. Porque no se trata de que te lo hagan, sino de que tú aceptas la carga. Esa rendición invisible, ese “me afecta porque dejo que me afecte”. Suena duro, pero es profundamente liberador si lo ves al revés: también puedes dejar de permitirlo.
2. Te preocupa demasiado lo que piensan los demás.
El mayor obstáculo no es lo que piensan, sino que tú crees que eso define tu valor. Y te condicionas. Filtras tu autenticidad como si fueras un community manager de tu propia vida.
Pero la vida no es un post de Instagram. No necesita aprobación. Necesita verdad.
3. Vives en función de las emociones de otros.
Aquí entramos en modo marioneta. Caminamos sobre cáscaras de huevo emocionales por miedo a disgustar. Pero ¿y tú? ¿Dónde quedas tú? Dejas que la inmadurez ajena dicte el guión del día. Es como dejarle el volante a un niño con hambre y sueño. Spoiler: no termina bien.
4. El hábito de mirar hacia fuera.
Compararse es como correr una carrera imaginaria en una pista que no existe. Y luego frustrarte por no llegar primero. Pero, ¿primero a dónde? Si cada uno va en su mapa. Compararte con otros es olvidar tu camino. Y sentir que la vida es injusta… es no haber aprendido aún a mirar hacia adentro.
🧠 Expectativas ajenas.
😰 Necesidad de aprobación.
🔍 Comparaciones constantes.
Todo eso se siente “normal”. Pero no lo es. Es una reprogramación. Un patrón aprendido. Un ruido heredado.
Y así, sin notarlo:
-
Les permites estresarte.
-
Te preocupa más lo que piensan los demás que lo que piensas tú.
-
Vives en función de las reacciones emocionales ajenas.
-
Te comparas tanto que crees que estás perdiendo una carrera que ni siquiera elegiste correr.
El resultado: te sientes chiquito, apagado, fuera de control.
Pero ¿y si el problema no es que te falte algo… sino que estás mirando en la dirección equivocada?
Dejarlos ser.
Dejar de jugar el juego de los demás. Dejar de pelear con lo que no puedes controlar. Porque ahí está el punto dorado de la libertad: saber diferenciar qué es tuyo y qué no. Qué puedes cambiar y qué no.
No se trata de ignorar al mundo. Se trata de reprogramarte para habitarlo sin perderte en él.
Y eso, mi querid@, no es egoísmo. Es sabiduría emocional.
Es como decía Epicteto, ese estoico adelantado a su tiempo:
“No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede.”
Entonces la clave es esa: resignificar lo que antes te dominaba.
Tomar conciencia y decir: “Esto ya no me representa”.
Reprogramar. Reiniciar. Reescribir.
Y así, poco a poco, día a día, dejar de ser lo que aprendiste por imitación…
y empezar a ser lo que eliges por convicción. 🌱
Aceptar que no todo está en tu control, y al mismo tiempo, recuperar el poder sobre lo que sí lo está: tu actitud, tu mirada, tus elecciones.
Porque cuando dejas de vivir para complacer, comienzas a vivir para construirte.
Y tú, ¿Qué patrón estás listo para soltar?No es egoísmo.
Es sabiduría emocional.
Te leo. 🌿

Comentarios
Publicar un comentario