En quién me estoy convirtiendo

Hace poco escuché una frase que me marcó: 

“No es tanto lo que consigues al alcanzar un sueño, sino en quién debes convertirte para lograrlo.”



Esta frase se me quedó grabada. Y mientras más la pienso, más sentido tiene. Porque al final, ¿no es eso lo que todos vivimos? La vida no se trata solo de alcanzar la meta, sino de en quién nos convertimos mientras intentamos llegar.


Este año ha sido un verdadero torbellino. Entre el duelo de Mika, la enfermedad de Billy y mis propios problemas de salud, hubo días en los que sentí que el mundo se me venía encima. A veces la carga parecía demasiado.

Hace poco tuve una conversación que me hizo pensar mucho. Mientras le contaba a alguien sobre el vértigo que he estado viviendo, me soltó una frase que, aunque tal vez no era con mala intención, me dolió: “Cada vez que te veo, siempre tienes algo.”  (Y claro, esta persona solo me ha conocido en este año tan retador, justo cuando empezó mi duelo por Mika, así que su visión de mí está marcada por esa etapa).

En ese momento sentí un nudo en la garganta. La charla había empezado con una pregunta genuina, o al menos eso pensé, pero esa respuesta me hizo entender algo importante: 

Hay cosas que es mejor guardarse. No porque uno tenga que ocultar quién es, sino porque no todos están listos o dispuestos a entender nuestra historia. Y hay espacios, como el trabajo, donde poner ciertos límites no es deshonestidad: es cuidarse.

Pero de ese momento también salió un aprendizaje más profundo: qué rápido juzgamos sin saber lo que el otro carga. Todos llevamos batallas invisibles. Y aunque esas palabras me dolieron, también me dieron claridad: no puedo controlar lo que los demás piensen o digan, pero sí puedo elegir qué hago con eso y cómo permito que me afecte.

Ahí es donde siento que está ocurriendo mi verdadera transformación
Cada caída, cada lágrima en silencio y cada comentario incómodo han sido mis maestros más exigentes. Me están moldeando. Me están enseñando que la verdadera fortaleza no está en no caer, sino en aprender a levantarse con más amor y compasión, primero hacia mí y también hacia los demás.

Hoy decido ver mis altibajos no como fracasos, sino como parte de las lecciones que me hacen crecer. Si tú también estás en medio de tu propia tormenta, quiero recordarte algo: no eres lo que te pasa, eres la persona que eliges ser mientras sigues caminando.

Al final, el mayor logro puede que no sea la meta alcanzada, sino la versión increíble, resiliente y compasiva de ti que nace en el proceso. Y, aunque a veces duela, este camino está valiendo la pena. Porque la persona en la que me estoy convirtiendo es, sin duda, mucho más maravillosa que cualquier meta que me imaginé.

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